La irrupción de ChatGPT y, en general, de la inteligencia artificial generativa ha supuesto uno de los mayores puntos de inflexión en la historia reciente del sector legal. Desde su lanzamiento en noviembre de 2022, esta tecnología ha acelerado una transformación que ya se venía gestando desde hace años, obligando a abogados, procuradores y demás operadores jurídicos a replantearse la forma en la que trabajan, se relacionan con sus clientes y prestan sus servicios.
Lejos de ser una moda pasajera, la inteligencia artificial aplicada al Derecho marca un antes y un después comparable a la llegada de Internet o la digitalización de los expedientes judiciales. La cuestión ya no es si el sector legal debe adaptarse, sino cómo hacerlo sin comprometer la seguridad jurídica, la confidencialidad de la información y la calidad del servicio profesional.
¿Qué es ChatGPT y por qué ha impactado tanto en el ámbito jurídico?
ChatGPT es una herramienta de inteligencia artificial basada en grandes modelos lingüísticos (LLM), entrenados mediante técnicas de deep learning. Su funcionamiento se apoya en el análisis masivo de datos textuales para generar respuestas coherentes y estructuradas en lenguaje natural.
En el ámbito jurídico, su impacto ha sido inmediato porque permite:
- Redactar textos complejos en segundos
- Sintetizar grandes volúmenes de información
- Generar borradores de escritos
- Explicar conceptos jurídicos de forma comprensible
- Analizar tendencias y patrones en resoluciones judiciales
Este potencial ha despertado un enorme interés, pero también importantes cautelas, especialmente cuando se trata de su uso profesional en procedimientos judiciales o en el asesoramiento legal.

La transformación digital del sector legal: un cambio irreversible
El sector jurídico se encuentra en un proceso de transformación profunda. La digitalización de la Justicia, la implantación del expediente judicial electrónico, el uso obligatorio de plataformas como LexNET y la creciente automatización de tareas han preparado el terreno para la entrada de soluciones basadas en inteligencia artificial.
En este contexto, ChatGPT no sustituye al profesional del Derecho, pero sí redefine su papel. Las tareas más repetitivas y mecánicas tienden a automatizarse, mientras que cobran mayor valor:
- El análisis jurídico complejo
- La estrategia procesal
- La interpretación normativa
- El criterio profesional
- La relación directa con el cliente
Para figuras clave como el procurador de los tribunales, esta evolución tecnológica supone una oportunidad para optimizar procesos, mejorar la gestión de procedimientos y ofrecer un servicio más eficiente y transparente.

Oportunidades reales de la inteligencia artificial en el ejercicio jurídico
La inteligencia artificial generativa abre la puerta a nuevas formas de trabajar en el ámbito legal, entre las que destacan:
1. Optimización del tiempo y los recursos
Herramientas basadas en IA permiten reducir drásticamente el tiempo dedicado a tareas administrativas, búsqueda de información o elaboración de borradores, liberando recursos para actividades de mayor valor jurídico.
2. Mejora en la gestión procesal
En el ámbito de la procura, la IA puede contribuir a una mejor organización de procedimientos, control de plazos, análisis documental y seguimiento de actuaciones judiciales.
3. Análisis predictivo y jurimetría
El uso de modelos predictivos permite analizar resoluciones judiciales, identificar tendencias y estimar probabilidades de éxito en determinados procedimientos, siempre como apoyo a la toma de decisiones, nunca como sustitución del criterio profesional.
4. Nuevos modelos de prestación de servicios
La tecnología facilita una mayor transparencia en los servicios jurídicos, tanto en la definición de los procesos como en la previsión de costes, algo cada vez más demandado por clientes particulares y empresas.
Riesgos y límites del uso de ChatGPT en el sector legal
Pese a sus ventajas, el uso de ChatGPT en el ámbito jurídico presenta importantes riesgos que deben ser tenidos en cuenta.
Falta de fiabilidad jurídica absoluta
La inteligencia artificial no “comprende” el Derecho en sentido estricto. Genera respuestas basadas en probabilidades estadísticas, lo que puede dar lugar a errores, interpretaciones incorrectas o referencias normativas desactualizadas.
Actualización normativa insuficiente
El Derecho es dinámico y cambiante. Una herramienta de IA solo será fiable si trabaja con bases de datos jurídicas actualizadas y contrastadas, algo que no siempre ocurre con modelos de uso generalista.
Protección de datos y confidencialidad
El manejo de información sensible, especialmente en procedimientos judiciales, exige entornos seguros que garanticen el cumplimiento de la normativa de protección de datos y el secreto profesional.
Riesgo de uso acrítico
El principal peligro no es la herramienta, sino su uso sin supervisión profesional. Delegar decisiones jurídicas en sistemas automatizados sin validación humana puede comprometer seriamente la seguridad jurídica.

El nuevo perfil del profesional jurídico
La transformación digital no exige que el jurista sea un experto en programación, pero sí que posea competencias digitales suficientes para comprender y utilizar estas herramientas de forma responsable.
El profesional del Derecho del presente y del futuro debe combinar:
- Conocimiento jurídico sólido
- Capacidad crítica
- Competencia digital
- Habilidades comunicativas
- Adaptación a nuevos modelos de trabajo
En el caso de la procura, la tecnología se convierte en un aliado estratégico para reforzar su papel como figura esencial en la tramitación procesal y en la conexión entre los órganos judiciales y las partes.
¿Amenaza u oportunidad?
La inteligencia artificial generativa no es una amenaza para el sector legal, siempre que se utilice como lo que realmente es: una herramienta de apoyo al trabajo jurídico, nunca un sustituto del criterio profesional.
Aquellos profesionales que integren estas tecnologías de forma ética, segura y responsable estarán mejor posicionados para afrontar los retos del sistema judicial actual, cada vez más complejo, digitalizado y exigente.
La clave no está en resistirse al cambio, sino en comprenderlo, formarse y adaptarse para seguir ofreciendo un servicio jurídico de calidad, basado en la experiencia, la confianza y la seguridad jurídica.
